Cada año, los habitantes de las islas del Caribe se preparan para la temporada de huracanes, de junio a noviembre. Durante esta época del año tienen más probabilidades de enfrentar huracanes y tormentas tropicales que amenazan sus vidas, hogares, medios de vida e infraestructura. En 2017, el Fondo Monetario Internacional estimó que la isla caribeña promedio ha perdido hasta 5.6% de su producto interno bruto (PIB) por huracanes durante más de cincuenta años. Y cuando un huracán azota directamente, sus efectos pueden ser mucho más devastadores. El huracán Iván provocó daños con un valor estimado de USD 900 millones en Granada en 2004, más del doble del PIB del país. Trece años después, el huracán María causó daños por un valor estimado de USD 1,300 millones a Dominica. Haití aún no se ha recuperado de los efectos devastadores del huracán Matthew casi cinco años después de que ocurrió. De acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, la temporada de huracanes de este año será más intensa de lo habitual, con un total de tres a cinco huracanes mayores (de categorías 3 a 5). 

Con el fin de aislarse de estos devastadores efectos, las comunidades caribeñas están promoviendo cada vez más la participación de las poblaciones en riesgo para prepararse a nivel local. Las organizaciones de base de toda la región entienden el ambiente socioeconómico y natural a nivel local, y usan esos conocimientos para proteger mejor a sus comunidades contra los peligros naturales futuros. Estas organizaciones sin fines de lucro y grupos comunitarios están guardando semillas para que los agricultores puedan volver a plantar en caso de perder sus cultivos, y están construyendo invernaderos y lugares con sombra para proteger las cosechas de los agricultores. También están cultivando «cercas vivas» con árboles y matorrales para controlar las inundaciones, y construyendo infraestructura de drenaje y almacenamiento de agua. 

Muchas comunidades también están desarrollando y ejecutando estrategias para reducir el riesgo de desastres con sus autoridades locales. Los huracanes anteriores han enseñado a estas comunidades que necesitan mejorar sus sistemas de advertencia, almacenar agua y alimentos, formar reservas de suministros médicos y mantener sistemas de respaldo de generación eléctrica y tecnologías de comunicación. Más importante, también han aprendido que necesitan desarrollar las organizaciones y redes que les permiten responder con rapidez y eficacia a los desastres, como comités comunitarios de desastres y alianzas con el sector privado. 

Apoyo a la preparación comunitaria

Las experiencias del Caribe con los huracanes han demostrado la importancia crítica de que las instituciones a todos los niveles sigan interactuando y apoyando a las comunidades locales de manera eficaz, promuevan la planeación y las acciones participativas, y desarrollen mayores capacidades para realizar acciones dirigidas por la comunidad con el fin de reducir los riesgos y fortalecer la resiliencia.  

Para aprovechar los conocimientos prácticos de las comunidades y promover una estrategia más inclusiva y participativa para la preparación, el Instituto Caribeño de Recursos Naturales (CANARI, por sus siglas en inglés) inició una iniciativa regional de tres años para la resiliencia comunitaria ante desastres en 2019, con apoyo de la Fundación Interamericana (IAF). CANARI es una organización sin fines de lucro regional que promueve la participación de las partes interesadas y la protección de los recursos naturales en el Caribe. Con asistencia técnica de CANARI, las organizaciones locales han desarrollado planes de adaptación comunitaria y aplicado estrategias para reducir el riesgo de desastres. CANARI ha concedido pequeñas donaciones para proyectos piloto enfocados a soluciones integrales basadas en la comunidad y la naturaleza, para probar y refinar innovaciones. En colaboración con seis organizaciones de la sociedad civil en Dominica, Granada y Antigua y Barbuda, CANARI está ayudando a evaluar la vulnerabilidad y los riesgos en comunidades meta, desarrollando sus capacidades técnicas y organizativas para implementar soluciones para la resiliencia comunitaria local, y fortaleciendo los conocimientos y las redes al promover los diálogos regionales entre organizaciones similares, legisladores y profesionales. Principles for Reducing Community Risk

Principios para la reducción de los riesgos comunitarios

Las actividades de reducción de riesgos de desastres, como las de CANARI, se concentran en la preservación de la seguridad y los medios de vida de las personas y la conservación, gestión y restauración de recursos naturales. Este enfoque dual aumenta sus probabilidades de éxito por los siguientes motivos:

  • Las comunidades locales con frecuencia están en la primera línea de los efectos de los desastres. Las estrategias orientadas a las personas tienen más probabilidades de ser adoptadas por las comunidades, porque se diseñan e implementan de manera equitativa, se adaptan a las prioridades locales y toman en cuenta los conocimientos locales. Eso también las vuelve más sostenibles. Tener una amplia participación en el diseño, la ejecución y la evaluación de los planes para desastres aumenta la confianza y el interés de las comunidades conforme las personas se siguen adaptando a patrones climáticos cambiantes y extremos. Además, lograr la participación de grupos marginados o en situación de riesgo, como las mujeres y las personas con discapacidades, puede ayudar a atender las necesidades de las personas más vulnerables. Por ejemplo, es más probable que una evaluación de riesgos sensible al género capture los detalles de los riesgos que enfrenta toda una comunidad, ya que toma en cuenta que las mujeres tienen más probabilidades de realizar trabajos precarios o de tener responsabilidades adicionales en el cuidado de los hijos.<