Para la respuesta humanitaria internacional, el responder con un enfoque «unitalla» a un desastre natural o una pandemia como COVID-19, puede parecer más rápido, eficiente y quizá incluso más barato gracias a las economías de escala. Pero con el paso del tiempo, esa opción en realidad puede ser menos sostenible. Las comunidades que dirigen sus propias soluciones a la medida de su contexto particular asumen un mayor interés en su recuperación, y a fin de cuentas logran una reconstrucción más fuerte.

La Fundación Interamericana (IAF) no es una agencia de asistencia humanitaria, pero con frecuencia hemos apoyado a organizaciones que reconstruyen después de desastres naturales, como en el huracán de 1979 en la República Dominicana, el terremoto de 2010 en Haití, y los huracanes Stan y Mitch en Honduras y Nicaragua. En nuestros 50 años de acompañar a las comunidades en sus respuestas a los desastres naturales, hemos observado que los grupos afectados personalmente por los eventos dedican creatividad y más energía a la recuperación.

Creatividad a partir de la adversidad

Este mes se cumplen tres años desde que una serie de terremotos azotaron a los residentes de los estados mexicanos de Morelos, Oaxaca, Estado de México y Puebla. Rodeados por los escombros de los edificios destruidos y llorando a sus seres queridos, los residentes sabían que la reconstrucción sería larga y difícil. Tendrían que ser creativos. Con el apoyo de la IAF, nuestras fundaciones comunitarias asociadas en los estados afectados aprovecharon sus profundas raíces en la región y su liderazgo local para desarrollar con éxito un plan de recuperación y resiliencia a largo plazo.

Con el apoyo de la IAF, nuestras fundaciones comunitarias aprovecharon sus profundas raíces en la región y su liderazgo local para desarrollar con éxito un plan de recuperación y resiliencia a largo plazo. 

Fundaciones comunitarias como la Fundación Comunidad en Morelos reunieron las mejores ideas de más de 40 organizaciones de base para abordar todas las crisis secundarias causadas por los terremotos, como inseguridad alimentaria, desempleo y subempleo entre los jóvenes, así como las interrupciones educativas.
Una de las ideas provino de una organización de jóvenes, que propuso poner un puesto en el campus de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. El puesto, llamado «Resiliente», vendería café de comercio justo y alimentos adquiridos en la localidad, y emplearía a personas con discapacidades. Tres años después, Resiliente ha prosperado y la iniciativa de Fundación Comunidad se ha ampliado a una cafetería que vende cerámica local en el centro de Cuernavaca, administrada por 30 personas con algún tipo de discapacidad.
Mientras el mundo entero enfrenta una larga recuperación de la crisis social y económica causada por la COVID-19, la estrategia creativa de Fundación Comunidad y las de otras fundaciones comunitarias similares contienen enseñanzas para las comunidades y los patrocinadores.

Lecciones aprendidas

Cuatro lecciones principales destacan de la experiencia del terremoto mexicano, que son aplicables a nuestro contexto actual:

  • Dejar espacio para la flexibilidad: Inmediatamente después de los terremotos, las fundaciones comunitarias adaptaron sus trabajos tradicionales y procesos administrativos para concentrarse en la crisis.
  • … Pero mantenerse concentrado en la misión: Las fundaciones inicialmente se vieron inundadas con donativos en especie, como atún enlatado y ropa, de organizaciones mexicanas y estadounidenses. La solidaridad se eleva en los momentos de crisis, y las comunidades necesitaban ayuda de corto plazo hasta que los sistemas alimentarios locales se estabilizaran. Este tipo de respuesta rápida ayuda a las personas a superar las perturbaciones temporales, pero las organizaciones pueden confundirse con los detalles si pierden su sensación de propósito claro. Las fundaciones comunitarias pronto se enfocaron en su misión básica: apoyar el desarrollo a largo plazo de sus comunidades. En el primer mes después del terremoto, el personal de las fundaciones comunitarias empezó a dejar los donativos de alimentos y regresó a las iniciativas de financiamiento comunitario.
  • Priorizar el desarrollo de la solidaridad comunitaria: Las fundaciones hicieron énfasis en el proceso de diálogo y la toma de decisiones colectivas porque reconocieron que la solidaridad era un activo. Al dejar que las organizaciones y los residentes de la localidad expresaran sus ideas y talentos, promovieron el involucramiento local y fomentaron la sostenibilidad a largo plazo.
  • Depender de redes y relaciones locales: Para aumentar con rapidez su respuesta humanitaria tras el desastre, las fundaciones comunitarias con raíces locales aprovecharon sus redes y relaciones. Una fundación comunitaria utilizó una red local de organizaciones productoras de café para facilitar la logística de la distribución de suministros de emergencia. Sintieron que eran responsables del proceso porque estaban usando artículos de emergencia producidos en la localidad para promover la economía local.

Una nueva crisis global