Redes que funcionan

La IAF reconoce la fortaleza de sus asociados. Por casi 50 años hemos proporcionado pequeñas donaciones a más de 5.000 organizaciones de las más comprometidas, creativas y dedicadas en América Latina y el Caribe. Desde sus inicios, la IAF ha buscado respetar a estas organizaciones, dándoles el espacio y la flexibilidad necesarias para avanzar a su propio ritmo, incorporando nuevas ideas y respondiendo a las necesidades de sus comunidades. No es de sorprender, entonces, que en silencio, pero deliberadamente, estas organizaciones han empezado a trabajar juntas para resolver problemas. Se fortalecen entre sí, aprenden de sus fracasos y unen fuerzos para enfrentarse a nuevos retos. Esta serie de blogs, redes que funcionan, intenta ilustrar cómo estas se están formando y teniendo mayor impacto. La IAF reconoce el poder de un donatario…imagine miles.

En los últimos meses, participé en reuniones de socios donatarios de la IAF en Bolivia, Brasil, y Nicaragua. Cada encuentro duró varios días, y en el curso de los tres yo tuve la oportunidad de reunirme con representantes de unas 70 organizaciones. Ellos provenían tanto de ámbitos rurales como urbanos y trabajan en una amplia gama de cuestiones de desarrollo local. Breves descripciones de los socios donatarios de la IAF en Bolivia, Brasil, y Nicaragua pueden encontrarse aquí.

A pesar del hecho de que difícilmente los tres países podrían ser más diferentes entre sí, fueron sorprendentes las cosas en común de los tres encuentros.

En primer lugar, lejos de constituirse en un obstáculo para una conferencia productiva, la diversidad de las organizaciones y sus trabajos contribuyó a enriquecer los intercambios. Algunos de los socios donatarios de la IAF son grupos comunitarios que operan en condiciones de suma austeridad y que en gran medida se nutren simplemente de la pasión y el compromiso de sus voluntarios. Otros son cooperativas o asociaciones de productores que han desarrollado un grado importante de sofisticación en el mercado, incluyendo la exportación con éxito a los Estados Unidos o Europa. Y otros más son organizaciones no gubernamentales locales que se especializan en el desarrollo de capacidad a nivel de base o en la promoción de la inclusión económica y social.

A pesar de todas las diferencias entre organizaciones, los participantes se interrelacionaron en los encuentros sin una aparente jerarquía social. Yo fui testigo del mutuo aprecio entre ellos por las fortalezas de cada uno, y de la empatía genuina por las luchas de los demás. Varios de los participantes de Bolivia destacaron este aspecto como uno particularmente positivo e infrecuente.

En segundo lugar, la energía colectiva se podía palpar. Los eventos eran informales, participativos y colaborativos. Los participantes estaban deseosos de compartir sus experiencias propias y utilizaron cada momento disponible para aprender mutuamente. Las sesiones plenarias y de grupos pequeños fueron dinámicas e interactivas. Y había un constante flujo de conversaciones durante los recesos de café y las comidas. El orgullo cívico era evidente incluso cuando, en ocasiones, las conversaciones versaban sobre las decepciones o frustraciones con las políticas locales. Aunque racial y étnicamente diversos y a menudo con condiciones socioeconómicas o culturales diferentes, estos hombres y mujeres, tanto jóvenes como de más edad, comparten un compromiso profundo con la construcción de comunidades dinámicas e incluyentes. Claramente, ellos disfrutaban de la oportunidad de conectarse con otros similarmente motivados ¡y al hacerlo se divertían!

La tercera similitud, con un cierto componente de sorpresa para mí, fue que aunque estos eran eventos unificadores que reforzaban la identidad nacional, ellos también mostraban el carácter multicultural de los tres países. Muchas personas trajeron con orgullo símbolos culturales de sus comunidades para compartir con los demás. La feria de Bolivia fue un recordatorio visual de la diversidad geográfica y cultural del país. En Brasil, las organizaciones de cada región del país exhibieron algo característico de su zona, como comidas, bebidas, un poema, o una canción. Y todo el grupo se unió en varias ocasiones durante el encuentro para cantar canciones brasileñas populares.

En cuarto lugar, colectivamente, las organizaciones tienen una riqueza de experiencia en una amplia variedad de tópicos del desarrollo comunitario, lo que significa que hay enormes oportunidades para aprovechar las fortalezas de cada grupo. Por ejemplo, dos cooperativas de producción de Bolivia están explorando la forma en que podrían introducir un nuevo producto en el mercado en base a lo que cada organización ya está produciendo. En Nicaragua, yo vi que numerosos participantes se reunían con representantes de dos organizaciones que trabajan en cuestiones de salud mental, deseosos de aprovechar la experiencias de ellas en dar dignidad a miembros de la comunidad que son muy frecuentemente desatendidos o marginados. Una de las organizaciones brasileñas que se especializa en incorporar a los jóvenes en actividades comunitarias se ofreció a ayudar a otros grupos de base que mencionaron la participación de los jóvenes como un desafío particular.

Por último, dos de los encuentros incluyeron visitas a comunidades donde hay socios donatarios de la IAF activos. A pesar del desafío logístico de trasladar y recibir a un gran número de personas, las visitas constituyeron un esfuerzo que bien valió la pena, y la experiencia fue particularmente gratificante. Las visitas proporcionaron un marco común y generaron perspectivas trascendentes que enriquecieron las discusiones posteriores. Ellas también brindaron a la gente de las comunidades que visitamos la oportunidad de mostrar su apoyo a la organización local. Del mismo modo, aprecié la oportunidad de reconocer y celebrar públicamente su importante trabajo.

El valor de la interacción entre organizaciones de base es cada vez más evidente, razón por lo que en los últimos años la IAF ha redoblado su compromiso con estos encuentros de socios donatarios. Dicho esto, ¿cómo podemos nosotros ayudarlos a estar en contacto entre ellos luego que regresan de estos eventos? La información apropiada y la tecnología son parte de la respuesta. Actualmente nosotros estamos desarrollando una plataforma interactiva que hará más fácil que los grupos de base se comuniquen entre sí y aprovechen el caudal de conocimientos prácticos y probados en el terreno sobre un amplio rango de cuestiones relativas al desarrollo comunitario. Una plataforma inteligente también ayudará a multiplicar las interacciones y a ampliar su impacto al tiempo de ahorrar tiempo y dinero. Esto tomará su tiempo porque queremos hacerlo bien. Así, nosotros estamos diseñando la plataforma en colaboración con nuestros socios donatarios para asegurar que ésta responderá a sus necesidades… ya que al final ellos serán sus principales usuarios.

Hace casi 50, George Cabot Lodge, pedía la creación de una fundación gubernamental para apoyar a los “motores del cambio”. Esto se convirtió en el modelo para la Fundación Interamericana. Desde entonces, los socios de base de la IAF han demostrado una y otra vez que de hecho son ellos los mejores motores del cambio en sus comunidades. Sus encuentros dinámicos y nuestros esfuerzos conjuntos para desarrollar una plataforma virtual que facilite la conexión entre ellos, seguirán aportando energía para el cambio en los años venideros.