Las comunidades quilombolas de Brasil comenzaron a mediados del Siglo XVI, cuando grupos de africanos y afrodescendientes escaparon de la esclavitud y se unieron en comunidades estrechamente unidas para resistirse a la recaptura, ocupando tierras difíciles de alcanzar fuera de las plantaciones. En 2020 había casi 6,000 comunidades quilombolas en 24 de los 27 estados de Brasil. La IAF ha tenido el honor de colaborar con grupos quilombolas durante dos décadas, incluyendo a su actual donataria Associação Quilombola do Povoado Patioba (AQUIPP) y a la reciente exdonataria Associação dos Agricultores Agroflorestais de Barra do Turvo e Adrianópolis

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Establecimiento de comunidades quilombolas autosostenibles

Con el apoyo de los grupos indígenas, las comunidades quilombolas desarrollaron estrategias exitosas para vivir de la tierra en un aislamiento relativo. Los fundadores quilombolas trajeron con ellos semillas y el conocimiento de cómo cosechar esos cultivos. Plantaron arroz rojo de África occidental, y semilla de caña de azúcar y maíz que trajeron de sus plantaciones. Los grupos indígenas les enseñaron a cosechar y procesar otros alimentos básicos como la mandioca, una raíz comestible. Al igual que las comunidades indígenas, las comunidades quilombolas administran sus tierras comunitariamente. No cercan parcelas de manera individual, y cultivan de forma colectiva.

Los agricultores quilombolas formaron vínculos con los poblados cercanos y empezaron a suministrar productos agrícolas y ganado a las poblaciones urbanas, integrándose a las economías locales y formando un nicho social para ellos mismos mientras enfrentaban las amenaza constante de la subyugación violenta. Con el paso de los siglos, los quilombolas han preservado sus semillas y prácticas de cultivo ancestrales y han transmitido muchos de esos conocimientos a los pequeños agricultores vecinos. Los agricultores quilombolas han desarrollado sofisticados sistemas agroforestales, cubriendo miles de hectáreas de Brasil con árboles frutales para producción económica, plantados entre árboles y plantas nativas. Esta estrategia ha garantizado los ingresos y la seguridad alimentaria de las comunidades.

Dos mujeres quilombolas utilizan molinos harineros tradicionales para preparar harina de mandioca.

Muchas comunidades quilombolas aún usan molinos de harina tradicionales, a menudo registrados como sitios históricos, para hacer harina de mandioca.

Cuando Brasil se convirtió en el último país de América en abolir la esclavitud en 1888, los quilombolas por fin pudieron vivir libremente, sin temor a ser capturados. 

Las comunidades quilombolas fueron destacados a nivel nacional como parte del movimiento afrobrasileño a fines del Siglo XX, reclamando su identidad cultural y exigiendo respeto a sus derechos. Cuando Brasil redactó una nueva constitución en 1988, los afrobrasileños expusieron sus inquietudes y demandas a la Asamblea Constituyente. Sus esfuerzos se tradujeron en un artículo constitucional que reconoce a los quilombolas como un grupo cultural y les concede el título de las tierras que han ocupado históricamente. La Constitución de Brasil también creó la Fundação Palmares, un organismo gubernamental dedicado a reconocer el derecho de los quilombolas a sus terrenos.

Manteniendo la fortaleza de las comunidades quilombolas

En las últimas tres décadas, más de 3,000 comunidades quilombolas de Brasil se han unido para desarrollar sus economías locales, defender sus derechos de propiedad de la tierra contra los despojos ilegales y las invasiones de las ciudades cercanas, y proteger su cultura. Hoy cuentan con fuertes comisiones quilombolas estatales y nacionales que trabajan con los poderes legislativos y judiciales para asegurarse de que se respeten sus derechos y protecciones constitucionales. Una gran cantidad de asociaciones quilombolas y organizaciones de la sociedad civil trabajan con sus comunidades mediante donaciones, apoyo técnico y asistencia legal. 

Estas organizaciones se asocian con instituciones públicas y privadas para obtener inversiones, servicios y protecciones contra la discriminación para asegurarse de que sus comunidades puedan seguir prosperando. Las organizaciones quilombolas, como la organización socia donataria de la IAF, AQUIPP, educan a la sociedad brasileña sobre la cultura afrobrasileña, la igualdad de derechos y los efectos nocivos, tanto económicos como sociales, de la discriminación. Las comisiones quilombolas también abogan antes los sectores público y privado para resolver problemas como los precios discriminatorios de bienes y servicios y la insuficiencia de los servicios educativos y sanitarios, que obligan a los habitantes quilombola a trasladarse grandes distancias para llegar a escuelas o clínicas. 

Los quilombolas han vivido por generaciones en comunidades aisladas y muy unidas, desarrollando una fusión única de influencias africanas, mestizas e indígenas. Por ejemplo, han modificado la música de cámara europea para crear un estilo de música que se toca con instrumentos de cuerda y que llaman flamenco. Han transmitido su música, baile, alimentos e idiomas afrobrasileños ancestrales de generación en generación, sembrando un legado cultural más amplio en la sociedad brasileña. Los ancianos de las comunidades quilombolas se esfuerzan por transmitir su orgullo por su legado y su historia única a las nuevas generaciones. AQUIPP capacita a jóvenes quilombolas en sus contribuciones positivas a la cultura e historia afrobrasileña, para que se conviertan en embajadores fuera de sus comunidades.