En América Latina la discriminación hacia la mujer es un factor común, y Paraguay no se encuentra ajeno a este punto. En el sector rural del país la mayor afectada es la mujer y también la que posee menos posibilidades de poder contar con ingresos propios.

Es a partir de estos antecedentes que se pretende exponer la experiencia de mujeres campesinas de la comunidad Compañía Presidente Franco del distrito de Piribebuy, que desde el 2015, la Fundación Interamericana apoya el trabajo de la organización no gubernamental Tierra Nueva en la implementación de un sistema de producción orgánico y agroecológico de hortalizas para la comercialización a nivel local a través ferias agropecuarias.

La mayoría de estas 50 familias asistidas están encabezadas por mujeres debido a que muchos de los hombres realizan trabajos temporales para otras fincas, como ayudantes en construcción, o en fábricas en zonas aledañas e incluso en la capital del país. Es por esto que frecuentemente están fuera del hogar por largos períodos.

La iniciativa acompaña a las mujeres en el fortalecimiento de sus pequeñas huertas hortícolas mediante el uso de un sistema integrado de producción que emplea la tecnología de la biodigestión para ayudar en la producción de fertilizantes orgánicos y biocombustibles. También se utiliza sistemas de riego, sombreado e invernaderos.  Para facilitar la comercialización de los productos generados en las fincas, representantes de Tierra Nueva acompañan a las mujeres a la feria que se realiza de manera mensual en el área urbana del distrito. Muchas instituciones locales y nacionales, así como compañías agrícolas de producción participan en las ferias, lo que hace que la participación sea valiosa, no solo por las ventas pero también por la red de contactos.

Una participante del proyecto, Ramona Burgos, ganó $300 en la venta de ayotes, tomates, lechugas, remolacha y acelga. Ella con emoción cuenta en Guaraní “en mí corazón tuve mucha tranquilidad por la buena ganancia que obtuve con la cosecha pasada”.

A través de la implementación de este proyecto también se ha identificado la necesidad de trabajar con las mujeres en otros aspectos del desarrollo, no solo lo vinculado a lo productivo y comercial; esta necesidad se da debido a la baja autoestima de las mujeres campesinas y la invisibilidad de la mujer como productora de alimentos.  Algunos productores y técnicos en el campo consideran que cualquier aspecto relacionado a la equidad de género es una amenaza para la familia. Algunos cónyuges responden a la independencia económica de las mujeres negándose a colaborar con ingresos para cubrir los gastos del hogar y la familia.

Todos estos contratiempos no han desmotivado a las mujeres ya que ellas sienten la importancia de poseer sus propios ingresos y esto genera en ellas una mejor auto estima e independencia. Por ejemplo, aunque Tierra Nueva y otras organizaciones inicialmente organizaban las reuniones en Presidente Franco, hoy día las mujeres, a través de la asociación de feriantes que han creado, están involucradas activamente en la toma de decisiones y se espera que en poco tiempo ya sean solo ellas las involucradas en la organización. Este aumento en el auto estima genera que las mujeres asistidas conversen con sus hijas y recalquen la importancia de poseer la capacidad de poder generar sus propios ingresos, ya sea a través del estudio o del trabajo, para tener una independencia de sus cónyuges; esta conversación normalmente la realizan sin llamar la atención de los demás integrantes del grupo familiar.

Es importante resaltar que este proyecto fue premiado como uno de los mejores 500 proyectos, por los Premios Verde Latinoamérica 2016 desarrollado en Ecuador. Éste proyecto ocupó el puesto 61 entre más de 1000 iniciativas evaluadas.

A pesar de los avances, muchos retos se presentan como aprendizaje de estos dos años de acompañamiento a las mujeres campesinas en su proceso de empoderamiento. Primeramente, la necesidad de encontrar un equilibrio entre las actividades del proyecto, actividades agropecuarias y sus roles de proveer cuido a sus familias. Segundo,  la importancia o/y necesidad de que la mayoría de los técnicos que acompañan a las mujeres también sean mujeres, ya que esto genera un mayor vínculo entre técnicas y productoras que permite una relación de confianza donde se trabajan no solo aspectos productivos sino también otros aspectos vinculados al desarrollo personal. Esto lo manifiestan las propias mujeres beneficiarias “ha’ekuéra nahae’i ingenierante sino cheichaguante avei” (ellas no solo son ingenieras sino son como yo), haciendo énfasis en el hecho de que son mujeres.

*Ana Lucia Giménez Fariña, es ingeniera en Ecología Humana y la directora ejecutiva de Tierra Nueva