Durante siglos, las comunidades de América Latina y el Caribe se han asistido recíprocamente. El fortalecimiento de la confianza mutua, aunar recursos y el desarrollo de capacidades ayuda a las personas a adaptarse a las condiciones y oportunidades cambiantes, y sienta las bases de una práctica mundial en crecimiento denominada filantropía comunitaria que busca lograr resultados duraderos que sean importantes para las comunidades, las organizaciones locales de la sociedad civil y los donantes.

Los pueblos originarios y las comunidades de afrodescendientes tienen costumbres de apoyo comunitario mutuo transmitidas de generación en generación que evolucionan y son dinámicas, desde tequio o faena en México a minga/minka en Ecuador, Perú y partes de Colombia. Los donatarios de la IAF con frecuencia aprovechan esas tradiciones para mejorar la vida de los miembros de la comunidad, así como lo ilustran los siguientes ejemplos.

Honrar a los muertos al expresar solidaridad

Kombit se refiere en criollo haitiano al trabajo comunal. La tradición haitiana contribuye a un espíritu de comunidad y unidad a través de logros compartidos. En una visita del personal de la IAF, lo vimos en acción. Las líderes de la Association des Femmes pour l’Avancement de Deschamps (OSAFAD), una organización solicitante, explicaron que tenían que retirarse temprano de la reunión porque estaban organizando una Kombit Lesiv Lanmò para lavar la ropa, juntas en el río, de un miembro de la asociación que recientemente había perdido a un familiar. Como observó Dieusibon Pierre-Merite, el enlace de la IAF en Haití: «Esta actividad fortalece la cohesión entre los miembros del grupo y también el orgullo de ser miembro de esta asociación y comunidad, y muchas veces puede ayudar a otra persona en la adversidad». La OSAFAD también reunió fondos comunitarios con el fin de comprar ingredientes para que otro grupo pudiera preparar comida para la familia. Kombit destaca la importancia de la solidaridad para unir a las comunidades durante emergencias o tiempos trágicos.

Un grupo de jóvenes mexicanos pinta un mural en el lateral de un edificio.

Oaxaca: una red de reciprocidad y apoyo mutuo

Tequio reúne a las comunidades originarias mexicanas para realizar un trabajo conjunto, como la tradición de construir graneros en las zonas rurales de Estados Unidos. Se espera que todos participen en el mantenimiento de sus caminos y carreteras, en la construcción de proyectos de infraestructura como pequeñas represas o en la recolección de basura en el parque después de una celebración del pueblo. Teresa Morales, antropóloga de Unión de Museos Comunitarios de Oaxaca, donataria de la IAF, explica: «Es el principio de reciprocidad, de compartir tus propios esfuerzos a cambio de los de un vecino». Cuando los terremotos hicieron intransitables los caminos alrededor de Oaxaca en 2017, las comunidades no solo cuidaron de sí mismas sino de otras comunidades cercanas. Como recuerda Luis Ruiz, director de la Fundación Comunitaria Oaxaca, donataria de la IAF, las comunidades sin maquinaria utilizaron tequio para despejar los caminos afectados: «Encontrabas residentes de comunidades ubicadas más al norte limpiando los caminos [bloqueados] en el sur».

En los municipios autónomos del sur de México, las mujeres lideran cada vez más la práctica del tequio. En comunidades oaxaqueñas como Teotitlán del Valle, famosa por sus tejidos, las mujeres han comenzado a asumir nuevos roles de liderazgo. Sofia Gutiérrez, de 72 años, fue la primera mujer en supervisar todas las tierras comunales, incluidos los bosques y las vías fluviales, y responsabilizar a las personas de sus deberes de participación en el tequio. Su hija, Pastora Gutiérrez Reyes, es la directora de Vida Nueva, una cooperativa de mujeres tejedoras con más de 25 años de experiencia empresarial financiada en parte por la IAF. Pastora se inspira en el liderazgo de su madre, que demuestra que «además de un tremendo compromiso, [las mujeres] tienen la capacidad y, cada vez más, la capacitación formal necesaria para asumir puestos de liderazgo voluntario». 

Minga/Minka en los Andes: pedir ayuda al prometer algo

La palabra minga o minka significa «pedir ayuda al prometer algo» en el idioma quechua. La gente ha estado usando minga con el fin de reunir a miembros de la comunidad para cosechar cultivos o construir caminos y edificios desde antes de que el imperio Inca gobernara la Cordillera de los Andes (lo que hoy es Perú, Ecuador y Colombia). Para Elizabeth Carrión, de la Red de Turismo Comunitario del Austro Pakariñan (Pakariñan), donatario de la IAF en Ecuador, minga es más que una actividad. Minga es una institución que solidifica la gobernanza y las normas culturales de una comunidad. Carrión comenta, «No es solo trabajo. A la gente le gusta compartir y divertirse». En Ecuador, los jóvenes participan en la minga desde temprana edad entre las comunidades originarias, incorporándose a los comités mensuales asignados a la agricultura, al cuidado de los animales, al turismo o a la gestión del agua.