En los años que trabajé con la diáspora salvadoreña y peruana en apoyo de iniciativas de desarrollo de base en sus comunidades de origen, escuché testimonios que hablaban sobre el dolor de la separación familiar. Sin embargo, ninguna de esas experiencias me preparó para mi visita en mayo de 2018 a familiares de migrantes en San Francisco Tetlanohcan en el estado de Tlaxcala, México. Cuando comenzó la conversación, mis anfitriones marcaron la cantidad de años que habían estado separados de sus familiares que habían emigrado: cinco, ocho, 15 años atrás. La emoción era latente, justo debajo de la superficie. Muchas personas lloraron. Los miembros del grupo se apoyan mutuamente, pero, lejos de resignarse a su situación, se están organizando para hacer que su comunidad sea un lugar en el que valga la pena vivir.

El grupo canalizó su energía y sus sueños en la Asamblea Popular de Familias Migrantes (APOFAM), la organización más grande de México dedicada a mejorar las vidas de las familias de los migrantes. Los 200 miembros de la APOFAM, en su mayoría mujeres, vienen de los estados de Oaxaca, Tlaxcala, Estado de México, Guerrero y Puebla. Los miembros del grupo están vinculados por la experiencia compartida y el impacto emocional de vivir separados de sus seres queridos, la mayoría de los cuales se encuentran en los Estados Unidos.

Los mexicanos representan el grupo de inmigrantes más grande en los Estados Unidos, casi el 30 por ciento de los 41 millones de personas nacidas en el extranjero que viven en el país. Aunque el precipitado aumento desde 1965 se ha desacelerado en los años transcurridos desde la crisis financiera mundial, la población mexicana en los Estados Unidos sigue siendo significativa.

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Miembros de APOFAM

Las familias que tienen familiares cercanos en el extranjero encaran desafíos que incluyen criar a sus hijos por sí solas, los niños tienen dificultad para mantener el rendimiento escolar y sufren  depresión como resultado de la separación. Las remesas enviadas a casa por los migrantes a menudo solo son suficientes para satisfacer las necesidades básicas y, si queda algo de dinero, la falta de educación financiera puede llevar a los beneficiarios a realizar inversiones menos que ideales. Por su parte, las personas que regresan después de años en el extranjero encuentran pocas oportunidades para la reinserción social, económica y cultural.

Este es el contexto complicado y fluido en el que el socio donatario de la Fundación Interamericana, el Instituto de Investigación y Práctica Social y Cultural A.C. (IIPSOCULTA), trabaja. IIPSOCULTA apoya la capacidad de APOFAM para diseñar, administrar e implementar proyectos de desarrollo de base. Más específicamente, IIPSOCULTA se asocia con APOFAM para ofrecer a las familias migrantes herramientas prácticas para fortalecer a sus familias y la vida comunitaria en sus comunidades de origen en México.

Los miembros de APOFAM lideran iniciativas económicas que complementan el ingreso familiar, como agricultura, textiles, preparación de alimentos y tiendas comunitarias. También escriben y realizan obras de teatro y danzas que destacan su cultura y la historia de sus comunidades. Tales iniciativas culturales pueden engendrar orgullo y vincular a las personas a sus lugares de origen. El sentido de pertenencia es importante para las familias que se quedan atrás, así como para aquellos en la diáspora que buscan mantener una relación con sus comunidades de origen.

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