El personal de la IAF aporta una variedad de experiencias diversas al trabajo. Una rápida mirada a las biografías de nuestro personal lo confirma. Este mes hablamos con la representante sénior de la Fundación Miriam E. Brandão quien, como integrante del Equipo de Programas de la IAF, administra el proceso de donaciones de la IAF y trabaja directamente con los socios donatarios.
Una foto de Miriam Brandao.

¿Cuánto tiempo has trabajado en la IAF?

Cumpliré 20 años de trabajo en julio.

¿Qué te hace seguir trabajando con la IAF?

Hay tres razones principales: la misión, la gente y, más que nada, los donatarios. Es un trabajo que nos permite, a los representantes de la Fundación, aprender y crecer todos los días. Tengo mis propios conocimientos y experiencias, pero me encanta investigar y aprender de los potenciales donatarios cada vez que leo una propuesta. Descubrir nuevos grupos y conocer a personas que a veces están en una situación con grandes privaciones y dificultades, pero que aún así están comprometidos con sus comunidades. Ver el espíritu humano que quiere sobrevivir, esforzarse y mejorar. Me encanta mi trabajo todos los días; sé que hago una diferencia.

¿Qué haces en la IAF?

Soy una representante de la Fundación, así que trabajo con nuestro Equipo de Programas para seleccionar proyectos a financiar y trabajo con donatarios para cumplir los objetivos de las donaciones. Con el paso del tiempo he manejado nuestros portafolios de donaciones en Nicaragua, Costa Rica, Brasil, Ecuador, Guatemala y ahora en Perú.

En cada país aprendes el oficio de identificar el potencial en las donaciones y formar relaciones con los donatarios. Mientras más experiencia adquieres, mejor lo haces. Pero el contexto del país también es muy importante, y la curva de aprendizaje para entender la cultura, la política y la economía de un país es enorme. Podrías pensar que un país más pequeño es más fácil, pero no es así. Nicaragua, por ejemplo, es un país complejo, muy diferente de norte a sur, de este a oeste. Esa es una de las enormes ventajas de la IAF: que podemos entender el contexto de cada país en el que trabajamos.

También soy una representante sénior, así que encabezo un equipo con otros cuatro RF y dos asistentes de programa. Trabajar con un equipo es gratificante, porque necesito entender los portafolios de 7 países y alrededor de 125 donaciones. Todos tenemos personalidades fuertes y nos gustan los desafíos, así que tenemos excelentes discusiones. Pero estamos de acuerdo en que tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo para apoyar a los donatarios.

 ¿Qué querías ser de grande cuando eras niña?

Nací en una ciudad universitaria en el interior de Brasil. Mi mundo era muy pequeño. Cuando vine a Washington, D.C. me expuse a una comunidad muy internacional. Fue entonces que empecé a pensar en el trabajo internacional, y en esa época lo único que conocía era el servicio diplomático. Quería ser diplomática.

¿Qué preparación profesional y experiencias previas te prepararon más para trabajar para la IAF?

Estudié la carrera de estudios internacionales en American University hasta que tomé un curso extraordinario de economía impartido por dos profesores con perspectivas políticas muy diferentes. Decidí añadir una especialidad en economía. Mientras trataba de decidirme sobre mis estudios de posgrado, American University creó un nuevo programa, una maestría en desarrollo internacional, probablemente la primera o segunda de la nación. Muchos de los empleados fundadores de la IAF impartían cursos ahí.

En esa época la IAF tenía el programa de prácticas profesionales más codiciado de Washington, D.C. Conseguir esa oportunidad de hacer prácticas profesionales de 1977 a 1979 cambió mi vida. Fue la capacitación más perfecta de todas. Recibí el programa académico y la experiencia práctica, viajando con el personal y teniendo la oportunidad de conocer los países a nivel de comunidad.

Después del posgrado me uní al Programa de Mujeres en Desarrollo de Partners of the Americas, y obtuve otro título de posgrado en economía agrícola antes de ir a trabajar al Banco Mundial. Trabajé siete años en el Banco Mundial, como responsable de proyectos de desarrollo agrícola y rural en Mozambique. En 2001 vi que la IAF estaba contratando por primera vez en años y me apresuré a aprovechar la oportunidad de volver.