Redes que funcionan

La IAF reconoce la fortaleza de sus asociados. Por casi 50 años hemos proporcionado pequeñas donaciones a más de 5.000 organizaciones de las más comprometidas, creativas y dedicadas en América Latina y el Caribe. Desde sus inicios, la IAF ha buscado respetar a estas organizaciones, dándoles el espacio y la flexibilidad necesarias para avanzar a su propio ritmo, incorporando nuevas ideas y respondiendo a las necesidades de sus comunidades. No es de sorprender, entonces, que en silencio, pero deliberadamente, estas organizaciones han empezado a trabajar juntas para resolver problemas. Se fortalecen entre sí, aprenden de sus fracasos y unen fuerzos para enfrentarse a nuevos retos. Esta serie de blogs, redes que funcionan, intenta ilustrar cómo estas se están formando y teniendo mayor impacto. La IAF reconoce el poder de un donatario…imagine miles

¿Cómo el desarrollo de base genuino puede fomentar redes orgánicas?

Las redes orgánicas son amistades, alianzas y asociaciones que se desarrollan a través del tiempo entre diferentes tipos de organizaciones que trabajan para promover sus objetivos. En el caso de los donatarios de la IAF en Guatemala, estos contactos a menudo florecen como resultado de lo que la IAF no hace, a diferencia de lo que sí hace. Esto es así porque tales redes desde las bases dependen no solo de la iniciativa de los donatarios involucrados, sino también de la voluntad de la IAF en confiar en que sus socios encuentren su propio camino. Lo cual significa hacerse a un lado y motivar a  los donatarios a que se reúnan por sí mismos y con la frecuencia que ellos consideren apropiada, y que hablen y actúen sobre lo que ellos consideren importante, y no acerca de lo que otros podrían ver como apropiado u oportuno. Ellos conocen mejor que nadie sus desafíos y sus necesidades.

Para fomentar las redes orgánicas en Guatemala, la IAF ha venido auspiciando por varios años eventos llamados “intercambios de donatarios” donde los donatarios se  reúnen, comparten experiencias, desarrollan amistad y aprenden uno del otro. La IAF trabaja para crear espacios donde los donatarios puedan desarrollar confianza y un sentido de comunidad. Los participantes son los dueños de estos encuentros – la IAF no define temas específicos a tratar tales como microcrédito, sostenibilidad, agricultura orgánica, o apalancamiento de fondos, ni tampoco “filtra” los contenidos de las conversaciones para asegurarse que los donatarios abarquen  tópicos que consideramos más importantes.  Son ellos los que deciden de qué quieren hablar y cómo quieren hablarlo. Además de los intercambios, la IAF incluye en sus subvenciones fondos que permiten a los socios visitarse mutuamente y aprender de las experiencias en el campo.

Los resultados de estos intercambios y visitas han sido alentadores. Donatarios que ni siquiera se conocían han descubierto que otros donatarios trabajan en proyectos similares, o están vinculándose con organizaciones que tienen destrezas técnicas o recursos que están dispuestos a compartir. En Guatemala, la mayoría de nuestros 23 donatarios interactúan suficientemente como para considerarlos una “red orgánica”. A veces ellos conversan sobre actividades relacionadas con los proyectos de la IAF, y a veces no. Por ejemplo, recientemente algunos donatarios han  coordinado su postura sobre la falta de participación indígena en el sistema judicial de la nación. Este tema está fuera del ámbito de la IAF, sin embargo la coordinación requerida para tales alianzas inevitablemente ilustra beneficios que trascienden las subvenciones de la IAF ya que muestran la capacidad de los socios para desarrollar su capacidad institucional y definir agendas de trabajo más amplias.

En los últimos años se han podido ver ejemplos concretos de tales alianzas. Sa Qa Chol Nimla K’aleb’aal (SANK), quien trabaja para que comunidades q’eqchi’ manejen sus recursos naturales de acuerdo con sus tradiciones ancestrales, se está beneficiando de la  pericia técnica proporcionada por la Asociación de Abogados y Notarios Mayas de Guatemala (AANMG). Durante una visita de campo en el corazón del territorio q’eqchi’ de Guatemala, Ernesto Tzi, de SANK, me dijo: “la ayuda que nosotros hemos recibido de AANMG nos ha ahorrado años de trabajo y nos ha convencido de que podemos alcanzar nuestros sueños”.

Tres organizaciones que trabajan con jóvenes – la Asociación para el Desarrollo Sostenible de la Juventud (ADESJU), la Asociación Muj’bab’yo’l (MBYL), y la Asociación Seres (SERES) – se han percatado que pueden mejorar sus programas incorporando las mejores prácticas de cada una. Ismael Solís, de ADESJU, trabajador de extensión de 24 años de edad de Aguacatán, municipio de Huehuetenango,  afirmó que los jóvenes de su organización se han beneficiado inmensamente  con los talleres de  participación cívica de MBYL.

“Como jóvenes, nosotros ahora sabemos lo que significa ser ciudadano”, explicó. Yo conversé con Ismael en Antigua durante un intercambio de 10 organizaciones donatarias de Guatemala, Honduras y El Salvador quienes trabajan en el tema juventud. Este intercambio fue uno de los primeros de una serie que la IAF está impulsando en la región.

¿Cuándo me di cuenta de que teníamos una red orgánica en Guatemala? Este momento ocurrió durante el quinto intercambio de donatarios, cuando me percaté que los donatarios se ponían al día retomando discusiones que habían tenido en los últimos meses y de las que yo no estaba enterado. En otra ocasión, decidí pasar a visitar a un socio donatario de Ciudad de Guatemala y descubrí que estaba trabajando con otros donatarios diseñando una estrategia para proteger los derechos de líderes comunitarios.

Estas experiencias refuerzan mi convicción de que “dejando hacer” y dando cierto espacio a nuestros donatarios, la IAF muestra que se valoran sus criterios, lo que a la vez refuerza su confianza en nosotros como socios genuinos interesados en entender  sus necesidades y sus luchas de la forma que ellos las definen. También esto destaca el hecho de que nuestros socios frecuentemente están en mejor posición que nosotros para ayudarse mutuamente — razón fundamental por la cual las redes desempeñan un papel importante de apoyo al desarrollo institucional y de la sociedad civil.

La creación de redes orgánicas requiere tiempo y paciencia – se trata más bien de dejar que ellas sucedan en lugar de hacerlas, y esto puede llevarse años. En cierto modo, esto también implica un acto de fé por parte de la IAF, porque nunca podemos estar 100 por ciento seguros de que los resultados de estas alianzas serán exactamente lo que nos gustaría que suceda en un momento dado. Ese puede ser el motivo por el cual otros donantes a veces definen los tópicos de discusión para las reuniones de sus donatarios. Sin embargo, pensándolo bien, el apartarse de ese modelo calza mejor con lo que el desarrollo de base es. El financiamiento no dura para siempre y nosotros queremos y necesitamos que nuestros donatarios sigan trabajando juntos mucho después que la IAF salga de escena. Entonces, ¿por qué no alentarlos a trabajar juntos mientras  todavía estamos con ellos?