El pueblo de Nahualá enclavado en las tierras altas Guatemaltecas está a un poco más de dos horas de Antigua por la carretera Panamericana, y cuenta con vistas espectaculares de grandes elevaciones montañosas y soleados valles. Es una comunidad predominantemente indígena, donde los residentes se esfuerzan por mejorar sus vidas, tener acceso a servicios modernos y a la vez mantener sus tradiciones mayas en unión de sus familias.

Cuando llegué a las instalaciones de la Asociación El Buen Sembrador, donataria de la IAF, fui recibida amigablemente por un grupo de mujeres indígenas ataviadas en sus trajes tradicionales. Ellas se manifiestan con orgullo de estar asociadas, conocen de mi visita y les complace posar sonrientes para la cámara. Caminando por el pueblo, al lado de robustas plantaciones de maíz y arvejas, es difícil imaginarse las dificultades que esta asociación comunal rebasó para llegar a a consolidarse. El coordinador del proyecto y asociado, Pedro Carrillo, relató cómo en su comunidad de aproximadamente 90 familias establecieron la asociación y consiguieron el reconocimiento legal en 1993. Esto fue impulsado por la oferta de un grupo Canadiense llamado Proyecto de Desarrollo Local (PADEL),que se les acercó y les ofreció ayuda para construir el sistema de agua potable para la comunidad.

“Mi padre y otros mayores aceptaron, pero siempre con la idea de no seguir luego de que les pusieran el agua. Ellos desconfiaban mucho de la gente foránea.” Explica Carrillo; sin embargo, la asociación continuó, lo cual Carrillo atribuye al hecho de múltiples capacitaciones en producción agropecuaria y administración de recursos entre otras. También PADEL facilitó el contacto con el grupo agroexportador Servicios Internacionales de Exportación S.A (SIESA), para la producción de vegetales (arveja, brócoli y zanahoria), con esto les ha ido bien y esta relación tiene más de 10 años.

Habiendo escuchado sobre la IAF por otra organización donataria de Quetzaltenango, El Buen Sembrador propuso un proyecto de desarrollo comunitario. Sin embargo, el proyecto tardó en aprobarse porque, según explica Pedro Carrillo “no teníamos experiencia con temas de producción o trabajo con proyectos dirigidos por mujeres.”

Carrillo me presentó a un grupo de jóvenes que conversaban en la calle y que son parte del Buen Sembrador.  Él asegura que los jóvenes de Nahualá estan muy comprometidos con el desarrollo de su comunidad y que son menos propensos a migrar a la capital o a salir del país en busca de trabajo o educación.  Los hijos de los asociados al Buen Sembrador asisten a la escuela y algunos siguen estudios secundarios. Algo que no es común, para los jóvenes indígenas en Guatemala, que ocupa el tercer lugar en la tasa de deserción escolar y trabajo infantil en Latin America.

Una joven de escasos 18 años me invita al lugar de producción de abono orgánico y explica con detalle como ellos lo procesan con las croquetas rojas (lombrices utilizadas en vermicultura).  Ella menciona que normalmente este trabajo es considerado “de hombres,” pero su madre la ha apoyado para que aprenda y trabaje en el proyecto. Así mismo una pareja de jóvenes se aproximó para indagar sobre posibilidades de presentar una propuesta a la IAF para el  financiamiento del trabajo de un grupo de arte del cual son dirigentes.

En el camino hacia el invernadero y al pasar por una humilde vivienda, allí nos encontramos con Catarina Carrillo [no es familiar de Pedro] quien está sentada en una banca al frente de su casa. Ella es una de las 16 mujeres que participa en la iniciativa de cultivo de vegetales en invernadero. Catarina es madre de 12 hijos y explica que su familia fue una de las 18 que perdió su casa con el terremoto del 2009, pero que con la ayuda del Buen Sembrador la reconstruyeron. Su familia posee poca tierra y su esposo tiene que ir a trabajar lejos en la montaña, pero que si la producción en invernadero es exitosa, pueda ser que no tenga que ir lejos y trabaje cerca de la casa. Por el momento, explica Catarina, la asociación tiene dos viveros produciendo tomates orgánicos para el consumo familiar, pero las mujeres esperan que pronto puedan producir más y vender

Como sucede con muchas iniciativas de desarrollo, no hay manera de garantizar que El Buen Sembrador en Nahualá tenga éxito en todos sus proyectos. Hasta ahora, la asociación ha desarrollado la infraestructura que les permite responder a las exigencias de la certificación orgánica de la arveja y otros productos, y ha incorporado a jóvenes y mujeres en la implementación de técnicas de producción amigables con el ambiente. Los residentes estan utilizando la arveja en su dieta tradicional de maíz y frijoles, ya que estan al alcance porque no toda la producción se exporta.

“El camino no ha sido fácil, pero ahora tenemos varios proyectos en marcha…y estamos elaborando un plan de negocios para llegar a la sostenibilidad financiera,” explica Pedro Carrillo. “En nuestro pueblo si hay pobreza, pero nosotros comemos t